De republicanos moderados a apostatas amermelados – Decaimiento y estado actual del Partido Conservador Colombiano.

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Quienes se han dedicado al estudio del origen de los partidos políticos se rasgan las vestiduras determinando en que momento fueron concebidos: desde quienes afirman que tienen fundación en las llamadas facciones de poder (los privados y los ministros o validos) al interior de las cortes francesas del siglo XVII; quienes ubican su génesis en los procesos revolucionarios del parlamento ingles, en los que se identificaron los whings y los tories; otros consideran que son fruto de la Revolución Francesa cuando aparecieron los monarquistas constitucionales, los girondinos y los jacobinos, entre los mas representativos. En el abanico de teorías también estamos los romaniacos para quienes no hay nada bajo el sol que no haya tenido origen en roma (en lo que a la cultura occidental respecta y en especial a sus instituciones políticas), basta recordar la historia de los nobiles, optimātes y populares (que tuvieron encuentro en la república tardía), en la que los segundos, auto proclamados como los mejores (clase aristocrática), favorecían a los primeros, esto es, a las familias nobles, en tanto que los últimos propugnaban por una mayor participación del pueblo en el senado y tenían ideas progresistas como el reparto de tierras, subvenciones a los alimentos, fijación de precios máximos, etc., a dicha facción se le ha identificado hoy con las políticas de izquierda, y a la cual pertenecieron ilustres dictadores que acapararon el poder como Julio Cesar y Pompeyo, aquel, una vez investido como senador se cambio al bando de los optimates.

Pero con este artículo no pretendemos hacer un análisis de la historia de los partidos políticos ni sentenciar cuándo y quién los inventó, tampoco es un estudio sobre la organización partidista. Nuestro objeto, dígase de entrada, es evidenciar que detrás de los partidos hay un ideario como en el fondo de los hombres hay un alma. Un partido político es una persona jurídica, y entonces recuerdo cuando en mis primeras clases de derecho el maestro Fernando Hinestrosa nos enseñaba como la doctrina que sobre la materia imperó fue la teoría de la ficción jurídica defendida por Friedrich Karl von Savigny, quien reconocía que para darle personería jurídica a los entes, con el fin que fueran sujetos de derechos y obligaciones, con independencia de las personas físicas que la conforman; se debía hacer la ficción que eran personas como las naturales, de carne y hueso, con el objeto de dotarlos, en lo atinente, de los atributos de la persona (capacidad, nacionalidad, domicilio, nombre – denominación o razón social -, y patrimonio)[1], y no quiere decir que fuera un invento de la pandectistica alemana, ya habían existido entes trascendentales como las agremiaciones, la iglesia, organizaciones, instituciones políticas y la sociedad misma, que se identificaban por tener no sólo una estructura sino un objeto, y un espíritu – valga decir un alma inspiradora – que las distinguía de otras, no en vano, en la actualidad se les conoce como personas morales. De otro lado, la etimología de la palabra persona se remonta, al decir de Aulo Gelio a la larva histrionalis, una careta o mascara que usaba el actor griego con alguna especie cónica en la boca; para amplificar el sonido de su voz al entrar en escena y hacerse escuchar en la época en que no existían los micrófonos, por lo que la persona en sí es el rol que desempeña como individuo en la escena social, el papel que representa, que en tratándose de personas morales es todavía más significativo.

El espíritu y rol social del Partido Conservador Colombiano

Así las cosas, siendo los partidos políticos verdaderas personas morales deben tener un espíritu distintivo y un rol en la sociedad política, y no meras uniones temporales recolectoras de votos y gestoras de burocracia, como parece haberse convertido la figura en los últimos años de la historia colombiana en la que se crearon 35 partidos y movimientos políticos que ya han desaparecido porque sólo fueron creados para ciertas elecciones. Hoy tenemos diez partidos y tres movimientos políticos con personería jurídica.

Entre la variopinta gama de partidos siempre se distinguió el partido conservador y el liberal, es decir, eran los no emergentes, los partidos tradicionales con un ideario real, identificable y distintivo. La historia de todas nuestras familias está marcada por el liberalismo o por el conservadurismo – verbigracia: contaba mí padre que la primera pregunta que le hizo mi abuelo materno para aceptarlo en su casa fue de qué partido político era, – “¡soy conservador¡”, dijo con orgullo, – “entonces sea bienvenido mijo”– sentenció mi abuelo Lucio -, porque las ideas políticas eran más importantes que el nombre y el apellido, y gracias a la afinidad política también se me permitió ser concebido y haber nacido en el seno de una familia que igualmente me educó como un conservador. De forma tal que ser liberal o conservador, en la sociedad colombiana, no es un asunto baladí o de moda, está escrito en nuestra historia, en los genes, y en la conciencia, el alma o espíritu del que veníamos hablando; que emana de las ideas profesadas por el partido y que se han fusionado con nuestro ser, con el intelecto y con la voluntad. El partido conservador no es de sus directivas ni de sus senadores y representantes, ellos pasaran pero el partido se queda; porque es una institución con tradición, ésta hecho de piedras vivas y de almas con historia e ideales.

siendo los partidos políticos verdaderas personas morales deben tener un espíritu distintivo y un rol en la sociedad política, y no meras uniones temporales recolectoras de votos y gestoras de burocracia, como parece haberse convertido la figura en los últimos años de la historia colombiana

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En Colombia hubo un tiempo de caballeros cristianos que cabalgaban con honor por los senderos de la política y empuñaron la pluma de la coherencia, por entonces Mariano Ospina Rodríguez y José Eusebio Caro Ibáñez escribieron el programa conservador que a modo de credo rezaba:

 “El Partido Conservador es el que reconoce y sostiene el programa siguiente:
-El orden constitucional contra la dictadura;

-La legalidad contra las vías de hecho;

-La moral del cristiano y sus doctrinas civilizadoras contra la inmoralidad y las doctrinas corruptoras del materialismo y del ateísmo;

(…)
-La propiedad contra el robo y la usurpación, ejercidos por los comunistas, los socialistas, los supremos, o cualquier otro;

-La seguridad contra la arbitrariedad de cualquier genero que sea;

-la civilización, en contra la barbarie.

En consecuencia, el que no acepta algo de estos principios no es conservador.

(…)

El partido conservador no acepta ningún acto ejercido a su nombre contra su programa; ninguna aserción que esté en oposición con estos principios, sea cual fuere su procedencia.

El partido conservador no quiere aumentar su filas con hombres que no profesen teórica y prácticamente los principios de su programa; por el contrario, le convendría que si en sus filas se hallan algunos que no acepten con sinceridad estos principios, desertasen de una vez.” (La Civilización, 1849: N°9)

El decaimiento y apostasía del partido

El desconocimiento de los resultados del plebiscito del pasado 2 de octubre por la bancada conservadora en el Congreso de la República violó los precitados principios del “orden constitucional contra la dictadura” y el de la “legalidad contra las vías de hecho” porque refrendaron los acuerdos guerrilleros que los electores de esos parlamentarios habían votado negativamente, desde ese momento mutaron en auténticos apostatas del ideario conservador y convirtieron en cómplices a sueldo del tirano liberal (que también eligieron los apostatas del partido conservador) y de los narcoterroristas de las FARC, transformarse por fast-track en burdos vándalos amermelados.

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Pero el hecho que rebosó la copa estriba en haber trasgredido la moral cristiana y sus doctrinas civilizadoras “contra la inmoralidad y las doctrinas corruptoras del materialismo y del ateísmo” porque cuando el partido conservador deja de ser coherente con la moral cristiana ya no se repunta como tal; “la razón esencial de su doctrina la constituyen la patria, la familia y la propiedad; el orden que asegura la libertad dentro de la justicia, y mantiene la disciplina, base del perfeccionamiento; y la unidad religiosa fundada en las doctrinas de la Iglesia Católica. (Programa del Partido Conservador de 1931)

No cabe duda que el Partido Conservador respondía a la llamada espiritualidad y moral cristiana, recordemos las palabras de Miguel Antonio Caro cuando dijo que “Dios es el logos, es la verdad, y es también el origen del poder. (…) La potestad civil debe someterse a la potestad espiritual, porque ésta es la presencia del poder divino (…) Dios es el autor del universo; en Dios radica el atributo máximo de la ‘autoritas’ (…). De la ‘autoritas’ surge la legitimación última del poder en la divinidad; este se expresa en la ley divina, cuya observancia es la condición de posibilidad para lograr el fin sobrenatural de la vida eterna”. (1871). En el programa político del PCC – 1881 se estableció un componente ideológico en el que se resaltó “IX Reconoce que la Religión Católica es la única verdadera; y siendo además la de la mayoría de los colombianos, trabaja con celo por su conservación, propagación y engrandecimiento” mas adelante recalcaron la idea: “Como el hombre no puede tener una moral como ciudadano y otra como particular, el partido conservador de Colombia reconoce por regla de conducta y por fundamento necesario del orden social y político y por supuesto de la legislación y gobierno de la República, la moral de la religión que profesa la casi totalidad del pueblo colombiano”.

No se crea que los dicho ut supra eran ideas anacrónicas propias del siglo XIX en las que por su vetustez perdieron vigencia, en el programa de 1973 antes bien se reafirmaron y ampliaron:

“I-Defendemos los derechos naturales de la persona humana, anterior al Estado, integrada en la sociedad por medio de la familia y llamada a un fin sobrenatural.

II-Afirmamos los derechos de la familia como célula fundamental de la sociedad civil, su constitución mediante el matrimonio católico y la facultad moral inviolable de los padres para educar cristianamente a sus hijos, contra el monopolio y la laicización de la enseñanza.

(…)

IV- Reconocemos los derechos de la Iglesia Católica como sociedad perfecta, superior a cualquiera otra por el orden de sus actividades, y la necesidad de la religión como vinculo natural y existente entre el hombre y su Creador.”

En el mismo texto, acabado de citar en líneas superiores, se plasmó la llamada “Doctrina Conservadora” que desde su preámbulo esculpió:

“El conservatismo colombiano es una organización de mujeres y hombres libres que siempre ha luchado por el bien común. Su pensamiento se inspira en el ideario del Libertador. Su primer programa, proclamado en 1849 por don José́ Eusebio Caro y don Mariano Ospina Rodríguez, está vigente. Sin intermisión, enriquece su doctrina con el aporte de sus pensadores y de los movimientos que le son afines, sin alterar sus principios fundamentales.

La moral cristiana es la del conservatismo. Tiene por la Iglesia Católica, que es la de la mayoría de los colombianos, un respeto especial. Profesa el principio de la libertad religiosa, por lo que defiende el que nadie sea molestado por su adhesión a otros credos. En materia social, el partido ha hecho suya, como parte de sus programas, la doctrina de las encíclicas. No es necesario ser católico para pertenecer al conservatismo, pero éste actúa dentro de una cultura en cuya base se afirma el catolicismo.”

 Ahora bien, el papa Francisco ha dicho que “ningún homosexual debe ser marginado, no así el lobby gay, inspirador y conspirador de la destrucción de la familia, cuya pretensión es imponer una dictadura ideológica en cuyo trasfondo actúa el mismo Maligno” en el mismo sentido declaró: “no existe ningún fundamento para asimilar o establecer analogías, ni siquiera remotas, entre las uniones homosexuales y el designio de Dios sobre el matrimonio y la familia”[2]. El presidente de la Conferencia Episcopal, monseñor Luis Augusto Castro, afirmó que la adopción no es avalada “ni siquiera en el caso en el que el hijo biológico sea de uno de los miembros de la pareja”[3]. Por su parte los grupos evangélicos también han sido claros afirmando que permitir la adopción de niños por parejas homosexuales no comporta “una evolución de ley, sino una perversión de la misma”[4].

En Colombia nunca estuvo permitida la adopción por parejas homosexuales, el artículo 42 constitucional sigue clamando que La familia es el núcleo fundamental de la sociedad. Se constituye por vínculos naturales o jurídicos, por la decisión libre de un hombre y una mujer de contraer matrimonio o por la voluntad responsable de conformarla” (Subrayado fuera de texto). Luego fue la Corte Constitucional la que de forma tiránica, contra la decisión de la Asamblea Nacional Constituyente que redactó la Carta de 1991, contra la naturaleza y la moral; emitió la sentencia C – 071 de 2015 que declaró la exequibilidad condicionada de del numeral 5º del artículo 64, del artículo 66 y del numeral 5º del artículo 68 de la Ley 1098 de 2006 –Código de la Infancia y la Adolescencia -, en el sentido de permitir la adopción por homosexuales cuando la solicitud recaiga en el hijo biológico de su compañero o compañera permanente. Debe resaltarse que dicha decisión fue adoptada por 9 magistrados y presentó 6 salvamentos de voto y 7 aclaraciones de voto, lo que sumado a la precitada contradicción con la Constitución, la Asamblea Nacional Constituyente, el orden natural y moral, se le suma que como efecto del fatídico fallo la Senadora y copresidente del Partido Liberal, Vivian Morales, lideró una iniciativa para restablecer las cosas a su status quo con la iniciativa “firme por papá y mamá”, la cual fue apoyada con más de 2.300.000 firmas de ciudadanos, las cuales fueron verificadas y avaladas por la Registraduría Nacional del Estado Civil, con lo cual se habilitó la presentación de un proyecto de referendo constitucional ante el Congreso de la República para adicionar el artículo 44 de la Carta Política con el fin, se repite, de restringir la adopción de niños por personas del mismo sexo.

Pese a los anteriores esfuerzos democráticos el Presidente Juan Manuel Santos, de origen liberal y masón, se opuso de manera abierta a la propuesta de referendo y contra la independencia de poderes exigió a la Cámara de Representantes que la “vote negativamente”[5], orden ante la cual el pasado 10 de mayo se rindieron los representantes de la Comisión Primera de la mentada Cámara de Representantes que rechazó el proyecto para convocar un referendo contra adopción por parejas homosexuales, con 20 votos en contra y 12 a favor. En este punto es necesario destacar que de los votos en contra del referendo se contaron los de los representantes Óscar Fernando Bravo Realpe, Juan Carlos García Gómez, Pedrito Tomás Pereira Caballero y Telésforo Pedraza Ortega, los que desgraciadamente hacen parte del Partido Conservador Colombiano. Aunque hay que reconocer que en dicho proceso brillaron por su coherencia los conservadores Humphrey Roa Sarmiento, éste sí honorable Representante a la Cámara, que votó a favor de la iniciativa de referendo y claro está, Alejandro Ordóñez Maldonado quien mientras ocupó el cargo de Procurador General de la Nación siempre fue un defensor del ideario conservador, de la vida, la familia, la niñez, el orden jurídico y moral como un faro de esperanza y un guardián de la heredad, por lo que se demuestra que si bien el partido conservador está en declive no así el conservatismo que es el alma y base del partido.

Por: Ronald Francisco Valencia Corredor

[1] Excluyéndose, por obvias razones, el estado civil.

[2] https://www.aciprensa.com/noticias/esto-es-lo-que-el-papa-francisco-dice-sobre-el-matrimonio-gay-en-amoris-laetitia-46677/

[3] http://www.elpais.com.co/colombia/iglesia-catolica-rechaza-adopcion-por-parejas-del-mismo-sexo.html

[4] http://www.excelsior.com.mx/nacional/2015/08/13/1040059

[5] http://www.eltiempo.com/politica/gobierno/santos-pide-votar-negativamente-proyecto-de-adopcion-85758

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